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Allen Ginsberg

AULLIDO Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas, arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo, hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial con el estrellado dínamo de la maquinaria nocturna, que pobres y harapientos y ojerosos y drogados pasaron la noche fumando en la oscuridad sobrenatural de apartamentos de agua fría, flotando sobre las cimas de las ciudades contemplando jazz, que desnudaron sus cerebros ante el cielo bajo El y vieron ángeles mahometanos tambaleándose sobre techos iluminados (…) Cubierto de hojas amarillas, crepitando entre las sábanas, revuelvo el vacío de tu ausencia. Insomne, inconsciente aún el zumbido del aparato que ventila no alcanza a despegar los ecos. Y doy otra vuelta, medio dormido, medio despierto, hasta que dejo mi cara sobre un pedazo de sábana que huele a vos. Mezcla de perfume y transpiración, huella...

A propósito de la SRA y la muestra de Palermo

"Nuestros hacendados no entienden jota del asunto, y prefieren hacerse un palacio en la avenida Alvear que meterse en negocios que los llenarían de aflicciones. Quieren que el gobierno, quieren que nosotros que no tenemos ni una vaca, contribuyamos a duplicarles o triplicarles su fortuna a los Anchorena, a los Unzué, a los Pereyra, a los Luro, a los Duggan y a todos los millonarios que pasan su vida mirando como paren las vacas..." Domingo Faustino Sarmiento
Escuchábamos roncanrolles echados en el sillón. Susurrabas temas de los redondos y jugábamos, otra vez, como en aquellos buenos tiempos, a descifrar las letras, a imaginar cual había sido el mensaje de aquellos años desangelados. Jugábamos a cazar el tiempo, a meterlo dentro de nosotros, a empujarlo con nuestras lenguas, a llenarnos de él. ¿Ves? Dijiste de golpe y te levantaste, para mí, que se lo estaban cogiendo… y echaste durante unos segundos los ojos hacia el techo, como si la música bajara del cielo. ¿Ves? Y ahora movías las manos, con las palmas hacia arriba, se lo estaban cogiendo , repetiste, ¡y estabas tan hermosa! No lo había pensado, respondí, trayéndote hacia mí, hacia mis locas ganas de vos.

Sabés...

Sabés, siempre me imaginé que serias así, murmuró arqueándose sobre las sábanas, tan animal, dijo jadeando, después de un primer momento algo brusco, apurados por la ansiedad. Sí, sabía que podía ser así, repitió la chica a la que hasta hace un rato, no se había animado a encarar y sin embargo, ahora, están metidos en un telo, uno adentro del otro, hamacándose con fuerza, con pasión. Y Martín no puede quitarle los ojos al tatuaje que tiene en el final de su espalda. No puede; está como imantado. Se sacuden con fuerza y la toma con ganas de la cintura, acaricia el dibujo con la yema de sus dedos y a ella se le eriza la piel de la espalda, del culo alzado, sí, repite en un quejido que se desvanece. Entonces, él la aprieta contra sus muslos como queriendo retenerla, intentando evitar un final, sabiendo que no podrá olvidar su voz, su cuerpo y se abandona a su olor, a sus movimientos. Ahora se ha levantado del sillón para cambiar la yerba y traer algo de agua. Camina descalza sobre las mad...

Poeta, Juan Gelman

Buscando entre las cajas de la biblioteca escolar, escondido entre armarios y tierra, me encontré de pronto con una hermosa edición homenaje a Juan Gelman. La obra en cuestión es: Violín y otras cuestiones, su primer “librito” de 1956. Editado, como bien dice en su prólogo Raúl González Tuñón, por el amor del vehemente Manuel Gleizer. El libro es una belleza de tapa dura y papel celofán en la cubierta. Su contenido, un tesoro de la poesía en lengua española de la segunda mitad del complejo siglo XX. A Gelman lo “conocí” de adolescente luego de fracasar insistentemente con la poesía. No encontraba poeta ni versos para mis ritmos, ni pausas que descansaran mi alma inquieta y desolada de los noventa. Y fue una tarde de domingo con el sol brillando en las hojas de mayo cuando leí y escuché por primera vez el color y la resonancia de palabras conocidas. Revolución, otoño, huesos… sonaron como nunca antes en mi boca y caminé por largas calles pronunciando, recitando… (…) quién eres muda sola...

Si esa moneda hablara... más de la cuenta

Lo despertaron unas moscas zumbonas, revoloteándole por la cara y manoteó un par de veces frente a las luces del día. La dolía la espalda, el cuello. Se había quedado dormido en la orilla del riachuelo. Unos ladridos terminaron de despabilarlo y lo devolvieron otra vez a las calles del barrio. Estaba cansado. Tenía hambre. Pasó por la Iglesia y saludó a las viejas que se acercaban a escuchar la misa del padre Pepe. Sonrió a unos pibitos que pasaron corriendo y siguió hasta la otra esquina. ¿Dónde estará el pibe? Pensó de pronto. Aprovechó la mañana y se fue para La tacita. Ahí estaba la Tere limpiando la cocina. El desayuno había terminado. ¿Tomamos unos mates? Le dijo Rilli después de saludarla con dos besos, uno por mejilla, como le habían enseñado. ¡Dale! ¿Por dónde andabas? Tan perdido… Rilli sonrió y le alcanzó el primero de una larga serie de mates. Comió algunos chipacitos que le alcanzó la Tere y le contó del baile y que había visto a Marina con el gordo. Y sí… Vos sabés como s...

Ahí vamos...

La siesta, Prilidiano Pueyrredón Enero Casi las diez de la mañana y apenas logro levantarme. Tropiezo en la penumbra pegajosa de la habitación. Abro las persianas para sentir correr algo de aire. El día amaneció nublado. Plomizo, pienso y una puntada en la sien izquierda me recuerda el trabajo atrasado y la mala noche. Tengo el cuerpo pegajoso y ahora huelo la agresividad del sudor en las sábanas y en la piel. ¿Cuántos días llevo metido en esta pieza? ¿Cuántos días dándole vueltas al teclado, hasta llenarlo de agua, de sudor? Es enero en Buenos Aires. Una pesadilla. A un costado del cuarto en donde trabajo, duermo y a veces como, hay una pileta. Una pileta de lona verde, llena de delfines simulando arabescos. Abro la puerta y la frescura insolente del nuevo día se mete en la pieza junto con hojas amarillas, secas por el sol. No aguanto mi transpiración. Me meto en la pileta desnudo entre hojas e insectos muerto...