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Mostrando las entradas etiquetadas como Ensayo breve

TOLSTOI: en Iásnia Poliana, el otro aleph

Sobre la mesa en donde trabajo y como, descubro unas fotos sobre Iásnia Poliana –extensos territorios de la familia Tolstoi destinados a la agricultura- en las afueras, hacia el sur de Moscú. Las distintas fotos muestran largas hileras de pinos, increíblemente pequeños, ante la inmensidad del espacio. También aparecen ondulaciones, cuchillas tenues, cubiertas de nieve. Miro las fotos y me invade una rara sensación de quietud y soledad. Todo el territorio agrícola de la inmensa Rusia está cubierto de nieve. Una de las fotos muestra el frente de una enorme mansión ladeada de abetos. En 1847 y con sólo 19 años León Tolstoi toma, como parte de la herencia familiar, los territorios agrícolas de Iásnia Poliana y 300 campesinos varones. (Las mujeres, en ese entonces, no se contaban.) En ese mismo año, el joven León, comienza a escribir un diario en donde anota todas sus dudas y angustias que lo habitaron hasta el último minuto de su vida. En 1857 Tolstoi escribía a Alexandra Tolstaia: “La ete...

Onetti y el arte de la derrota, lecciones de un maestro

“Nunca escribí para pocos o muchos; siempre escribí para mi dulce vicio que no castiga el código penal.” J.C.O La vida breve (Bs. As. 1950) de Juan Carlos Onetti es un curso magistral de literatura. A diferencias de muchos otros escritores, el Gran Oriental nunca escribió siquiera un apunte de cómo debía hacerse literatura. Mucho menos un decálogo o “paper” académico en donde –con precisión de ingeniero- se dedicara a descular “la forma literaria”. En cambio, en muchas de sus obras, puede verse –aguzando la lectura- la tensión del oficio más viejo del mundo. O caso, ¿hay alguna otra actividad del hombre que precede a la de sentarse al calor de un fogón prehistórico a contarse historias? En 1939 aparece en Montevideo su primer libro: El pozo, novela breve en donde Eladio Linacero, sólo y a punto de cumplir los cuarenta años, se encuentra en una pieza de hotel, sin vidrios en la puerta con viejos diarios tostados por el sol clavados en la ventana. Solo y sin tabaco, se dispone a ...

Para Onetti, aunque ya no importe

por Carlos A. Ricciardelli Ya van para quince años y aún recuerdo la tristeza de mi hermano al apoyar, sobre el mostrador del pequeño comercio, las páginas arrugas y mal dobladas de Crónica. Era otoño del siglo pasado, mayo de 1994. El cáncer liberal no dejaba de golpear y nos preparábamos para la Marcha Federal cuando nos enteramos de la muerte de Onetti, el viejo. Es muy raro eso de querer a alguien que nunca se vio. A través del tiempo, de su humedad y espesura lo fui conociendo por sus palabras, en la sinceridad profunda de su ficción, adentrándome en su respiración, en sus frases de insondable tristeza y soledad. La honestidad intelectual es brutal y descarnada, no hay impostura posible. Cada cuento o novela de Onetti es una dolorosa travesía por el alma humana. Lejos de la fama prostibularia de los medios y las sectas “académicas”, el viejo, construyó una de las obras literarias más profundas y originales del siglo XX. ...