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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuento

Mudanza

Después del golpe no sintió más nada. Sólo un suave latido en el lado derecho de su cabeza y una tensa rigidez creciente en las palmas de las manos. Después, creyó, todo era más o menos igual. Se sorprendió al descubrir que estaba bajo el agua, nadando sin esfuerzo. No sabía cómo había llegado hasta allí. Sólo recordaba su huida desde la casa de los abuelos y la larga carrera por el sendero que lo llevaba hasta la laguna. El grito de sus amigos y algunos “primos del campo” –los poli- que se habían largado a su captura, luego del eterno Poliladron de todas las vacaciones. Joaquín venía al pueblo todos los veranos, después de las clases, a pasar las Fiestas y a aprovechar el aire limpio y las tibiezas del sol, que en la capital ya casi no se consiguen, junto a los abuelos, los tíos que nunca se acostumbraron a la ciudad y los numerosos primos que aumentaban con los años. Le encantaba pescar recostado en la orilla del lago y nadar de contrabando durante las siestas de los grandes. Pero de...

24 de marzo de 1976: 34 años de lucha

PALOMAS El sol entraba oblicuo por la ventana, cuando el hombre calentaba, al fuego de una vieja y destartalada cocina, el agua para el mate. Paseó, sin intención, la vista por sobre los techos de lata y pensó en la miseria del barrio. Acomodó la yerba en la calabaza y echó un primer y humeante chorro de agua. Ahí hundió la bombilla cuando unos ruidos le llamaron la atención. Despreocupado se asomó por la ventana y observó como decenas de palomas se apiñaban sobre unos trozos de pan. Otra vez la vieja del séptimo, pensó y volvió su atención al mate y al agua. Se cebó y tomó un primer mate mientras se entretenía mirando comer y pelear a dos grandes palomas. Hacía varios meses que vivía en ese departamento y nunca, salvo cuando Facundo corría hacia el balcón señalando las palomas al grito de ¡uh! ¡uh! Y él, su padre, corría a atajarlo antes de llegar a la puerta, les había prestado demasiado tiempo. Las palomas, que habían terminado con las migas de pan, caminaban en círculos picoteando ...

Entonces

Es un día terrible. Pensar que hace unas semanas las grandes lluvias sacaron del olvido y del sopor al pueblo como hacía tiempo que no ocurría. En pocas horas las aguas bajaron de golpe llevándose todo lo que había a la vera del río y desperdigando a toda una familia, que ahora vive en la casa del pastor. El calor es espantoso y dicen que las impertérritas manchas de sol han iniciado un incendio allá a lo lejos, sobre la base del cerro. Gracias a los gringos algunas araucarias se estiran añosas bajo el sol, salpicando de sombras tanta luz que lastima los ojos. Con esfuerzo, el hombre que llegó de pronto metiendo ruido con su moto, se inclina a cielo abierto, se tuerce evitando el viento con la espalda, enciende un cigarrillo y lo lleva lentamente a la boca. Desmonta de su motocicleta y camina. Traza un círculo de pasos gastados como queriendo estudiar o encontrar algo que sólo las piedras pueden guardar. Espera. Es la hora de la siesta y nadie se asoma por más que ese bicharraco meta t...