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Amarre

  Fue en busca de un amarre.  De un gualicho que lo atara a las polleras de esa pendeja que lo tenía loco y no lo dejaba trabajar, ni pensar, ni nada. Así, desesperado como andaba. Sin dormir, borracho o algo drogado por las inagotables noches en vela. “Noches blancas —decía— o noches blandas” cuando andaba con el berretín del tango y la mandanga le sacudía la mandíbula.  Consiguió el dato en una charla con los albañiles de la vuelta de su casa.  Una tarde de sol y cerveza que se estiró hasta las primeras confesiones.  Después, las cumbias de Leo Mattioli hicieron el resto.  Entonces, fue. Subió primero a un bondi que se perdió cruzando La Noria . Bajó y tomó otro que continuó bordeando el río Miserias durante un buen rato. Calculó como pudo el tiempo del viaje porque el GPS no era confiable con callecitas que nacen y mueren con la velocidad del hambre y la intemperie. Cuando vio el santuario pintado de rojo, bajó y regresó unos metros. Vació la lata de ce...
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Catalina Camaño: acerca de Ranchada, primer libro de poesía de Carlos A. Ricciardelli

  Ranchada es el último libro de Carlos Ricciardelli. Docente durante el día, escritor por las noches. El libro dice algo sobre el autor: podemos imaginarnos a Carlos, tras una jornada de laburo en la escuela, llegar al caos de su casa, entre pedazos de libros que empieza, deja, vuelve a leer más tarde, entre papeles, anotaciones con ideas, con fragmentos de lo que después serán sus poemas, entre pedazos de sí mismo.   El libro está dividido en partes. Al principio, "berretines" y después "las formas del dolor/vida" .  Dos voces en un mismo libro. Porque somos muchos en uno, siempre. Y eso se nota en este libro.  Al principio, la voz del lumpenproletariado se apodera de Carlos. Mira las cosas con ojos de vidas hostiles. Bah, ¿hay alguna vida no hostil? Los existencialistas nos dicen que es una condición de la existencia el dolor y la violencia, pero no seamos ingenuos: algunas vidas arrastradas por materialidades injustas pesan más, duelen más. Las voces d...

Juan y las catacumbas

No lo vieron llegar. Habrá estado cuatro o cinco días encerrado o tal vez, alguno más. Sospechábamos que se había escondido, que se había guardado como tantas otras veces. Pero no teníamos certezas de dónde estaba hasta que Jota Rodríguez lo vio meterse apurado en el cuarto del fondo, dónde solíamos reunirnos cuando la cosa venía brava. Le golpeó la puerta un par de veces, le avisó que era él pero no hubo respuesta. Jota se quedó unos días acercándole comida y dejándole botellas. Hasta que me pidió que lo reemplace por unas horas. Mientras esperaba que saliera del escondite recordé la época en que nos habíamos conocidos. Fue hace tiempo. Por aquellos años compartía un estudio de enorme biblioteca con algunos periodistas free lance que se ganaban el mango corriendo detrás de las primicias. Cuando ellos salían a buscar la nota que les salvaría la semana me quedaba escribiendo durante largas horas mi novela total. Hasta que una tarde, confundido por la trama que trataba de llevar ad...

Luz de luna

  No llorés Colo, no llorés. Perdoná. No te pongas así. Dale, volvamos a casa.   *** Pasamos la tarde en la casa de Jhony hasta que llegó la noche. Boludeamos escuchando cumbia y mirando cosas en el celular. Video que manda los pibes cuando están con alguna guacha ahí. Y miramos un rato y bueno como habíamos tomado unas cervezas y las guachitas de los videos no se comían una y le daban lindo, nos fuimos calentando. ¡Ufff! Ahora vengo, dijo el Jhony y encaró para afuera, para el lado de las chapas donde está el baño.  No puedo más, le dije al Colo y ahí nomás me la empecé a manotear. ¿Qué hacé? ¿No ves? ¿O me querés ayudar? Nos reímos un rato pero después todo se puso tenso. Rojo se puso todo y en una le agarré la mano al Colo y me la llevé a la poronga. Le sonreí y el Colo empezó. Empezó. Empezó y no paramos. Después se puso a temblar y salió corriendo.   Le grité. Lo llamé y lo llamé pero no paraba de correr. Lo corrí una o dos cuadra bajo el chorro blanco de l...

Ranchada

 

Antes de los brindis, pensaré también en ellos

        Durante el otoño, del año que termina, se cumplieron 30 años de las muertes de dos de los escritores que más horas de felicidad y desvelo me regalaron. Buk muere el 30 de marzo de 1994 a los 74 años y el Viejo, a los 85 el 30 de mayo. Bukowski desarrolló a lo largo de su turbulenta vida distintos géneros literarios destacándose por su mirada cruda ante los perdedores del "sueño americano". Escribió desde siempre poesía y tuvo muchos y malos empleos. Apostador de carreras de caballo, recién a los 50 años renuncia a su trabajo de cartero para dedicarse a escribir su primera novela.  Recuerdo la tarde en que recibí la noticia de la muerte de Onetti. En ese entonces trabajaba en un almacén de San Cristóbal y una tarde me llegó la noticia en las hojas arrugadas del diario Crónica. Recién empezaba a leerlo en un libro  comprado en la feria del parque Rivadavia : Juntacadáveres, en donde su protagonista, el cincuentón Larsen, sueña con la creació...

Ciclo de lecturas

El viernes 6 de diciembre se realizó en Ladran Sancho el segundo encuentro de poetas auspiciado por Ediciones La Mugre.   Cata, Cataclismo, fue la encargada de abrir la noche y de presentar a las y los distintos poetas que participaron del encuentro. Compartimos algunas imágenes.