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Como si fuera un cuento…

El fuerte viento que se había levantado de golpe hizo volar unos periódicos de uno de los quioscos de la avenida. Una madre agarró fuerte a su hijo y lo acercó contra su cuerpo para evitar que la fuerte corriente lo arrastrara. El viento apenas se calmó cuando un hombre algo encorvado y con una bolsa de plástico se detuvo en la esquina. Se agarró con la mano libre el gorro de lana que apretaba su cabeza y esperó. La mujer con el chico lo miraron, algo llamó su atención. El hombre parecía balbucear algunas palabras. Cuando el semáforo cambió a amarillo el hombre comenzó a cruzar produciendo un par de frenazos e insultos que pareció no escuchar y avanzó hacia la plazoleta del Obelisco. Una vez allí, se detuvo y miró un rato un espectáculo de malabares. Abrió la bolsa y sacó una botella amarilla como de lavandina y se apartó, abandonando la bolsa, del pequeño tumulto que miraba el espectáculo callejero. Volvió a hablar y gesticular con el seño fruncido. Caminó unos metros sin dejar de...

Presente

Aquella fue una época extraña, murmuró. Extraña y lejana… Apenas recordaba el brillo del canto, la languidez de su voz. Entonces destapó una cerveza y dio un trago profundo. Después agarró una pequeña caja de cartón que guardaba entre sus ropas y esparció los dientes de mi boca por el maldito cuarto que albergó nuestro amor.        

Vecino

No conozco su nombre, mucho menos su   cara. Sólo muestra su cabeza, o una parte de ella cada mañana con las primeras luces del día. Apenas comienza a clarear un bulto amarillo se asoma por la medianera. Una calva lustrosa a veces y otras, cubierta por una gorra de esas que están tan de modas se pasea de un lado a otro. Se mueve en torno a un árbol que hay en esa parte del baldío. Se estira y con un palo busca cosas entre las hojas. Agita las ramas un poco y se desprenden hojas y algunos bichos. Una vez se cayó un gato que pegó un grito de aquellos. Agita el árbol mientras murmura cosas. A veces parecen insultos, pero no alcanzo a distinguirlos. Trabaja un buen rato hasta que algo cae. Lo sé, porque escucho el ruido pegado a la pared. Un sonido seco, acompañado de un débil quejido. Entonces deja el palo y su la cabeza desaparece hasta el día siguiente. Una vez me trepé justo después de haber escuchado el ruido, pero solo vi un bulto humano envuelto en trapos, digo hum...

Preguntas

  Se levanta apurada de entre las sábanas y se para al pie de la cama. Se rasca los rulos enmarañados que le tapan parte de la cara y bosteza. Se queda unos segundos como pensando. La remerita de Pepa le llega a un par de centímetros por encima del ombligo y el pantalón pijama le queda corto.  Piensa y vuelve a bostezar.  De pronto pregunta con su pequeña voz adormilada: ¿Papá? ¿Mamá…? Y sale corriendo hacia el cuarto de sus padres. Pero como no están sigue su búsqueda y camina descalza por el patio. Acaricia a la gata y le habla. Le pregunta cosas sobre la noche y las cucarachas… la mira, le toca la cabeza. La mañana es hermosa y el sol filtra sus luces por las hendijas del toldo. En eso descubre a su padre que está en la cocina preparando el mate y va a su encuentro. ¿A dónde fuiste? Le pregunta con sus ojos negros.   

Días de calor

No aprenden, dice el mozo. Estos sí que no aprenden, repite mientras menea la cabeza y cierra con fastidio la puerta del bar. Una mancha oscura, deforme se mueve desde la avenida. Un amontonamiento de cucarachas excitadas, como si estuvieran reventándoles el nido, se mueve de un lado a otro de la calle. Hace calor. Ahí va, van de nuevo, murmura el hombre. Y cómo no van a ir sí éstos no aprenden más. Corre tomando impulso, tuerce el cuerpo, gira y construye una parábola con su brazo derecho. El izquierdo va hacia adelante, señalando el futuro. Y ahí va, van de nuevo, van juntos. Son acaso una docena o un poco más en medio del sol y la espesura sofocante de la tarde. Van y luego, con los cuerpos agachados por el impulso y la descarga, retroceden mientras otros, algo más de veinte, los reemplazan. El sudor crece desde la remera, los músculos se tensan, el corazón se acelera y van de nuevo. Ahora se escuchan detonaciones. Una, dos y de golpe se vuelven incontables y...

Hay que comenzar la tarea...

Entre las carpetas y los papeles encontrados en la mudanza, aparecieron un puñado de poesías un tanto viejas. Me llamó la atención la siguiente, espero que les guste. Hay que comenzar la tarea, arbitraria y cotidiana de continuar la vida de malgastar los zapatos haciendo una huella destinada al olvido. Comenzar, encendiendo la hornalla y refregarse los ojos ante el frío de la mañana, elegir un mate y volcar la yerba, acercar la nariz a la tibieza del vapor que trepa sobre la espuma. Volver después, y caminar entre el perfume y el calor de tu ausencia, tus libros, tus papeles sobre la mesa de siempre la presencia austera y tibia de los recuerdos que se intercalan tímidos entre los hechos recientes aumentando la dicha exacerbando mi confusión. Apoyar las manos sobre la tabla de la mesa, sentir los golpes, las imperfecciones, los machucones bajo mis dedos acariciar las esquinas, redondas por el tiempo y el uso, descubrir nuevas marcas y colores, manchas ma...

La mujer del gato

El siguiente texto pertenece al libro Las recónditas ganas de quedarme aquí...   publicado por Publicaciones del sur en 2014. Es, uno de los cuentos más viejos que escribí. Su origen data de fines del siglo pasado, invierno de 1999.   La mujer del gato Un llamado; apenas unas pocas y certeras palabras alcanzaron para derribar la frágil seguridad construida en los últimos meses. No respondió, no pudo, y tampoco la dejaron. Las filosas palabras fueron penetrando una tras otra, con lentitud y calma, hasta devorarla de miedo. No esperó a las primeras luces. La historia volvía, otra vez, al punto de partida, como si fuese un infinito disco rayado. De sus pertenencias –algunas pocas ropas y un par de libros robados a lo largo de su pequeña vida– agarró sólo un bolso y el gato. Un viejo animal que llamó Edgardo y rescató de los siempre crueles juegos infantiles. Dejó el hotel en silencio, y algo de plata sobre la cama. Encendió su primer cigarrillo en semanas y ll...