Ir al contenido principal

Entradas

Carlos A Ricciardelli presentó su segundo libro de cuentos:Las recónditas ganas de quedarme aquí, nomás

El viernes 14 de noviembre en el Centro político y cultural El Jauretche de la ciudad de Buenos Aires, Carlos A. Ricciardelli presentó su segundo volumen de cuentos. Durante el encuentro se escucharon las palabras de Néstor Gorojovsky, Gustavo Ramazzotti y Paulo Cesar. El pianista Ulises Avendaño inició la velada con Mi noche triste y Nunca tuvo novio, dos bellísimos tangos que encendieron la noche. Ricciardelli, Crispin y Ramazzotti presentando Las Recónditas ganas de quedarme aquí, nomás                                                                    En el centro Carlos Ricciardelli, a su izquierda Gustavo Ramazzotti y Crispin. A la derecha el músico de tango Ulises Avendaño y Paulo Ocampo. Debajo Héctor Laplace.    

Recuerdo

Recuerdo,  pequeño ratoncito de biblioteca, aquella tarde de  invierno en donde te sorprendí hundiendo tu linda naricita entre  las  páginas ilustrada de un viejo Quijote.  No leías con devoción  – aunque lo hacías a menudo- no;  te tomabas toda la merca que  había  traído para nosotros. Sí, ratoncito mío, toda. Y el problema,  no fue   justamente que no te hayas acordado de mí, sino que  mientras  entraba al cuarto con una botella de vino y te encontraba  tan  ensimismado en la tarea, detrás de ti se paseaba la putita de  Angelina completamente desnuda...    

El cuerpo, otra vez

Los días habían transcurridos con una monotonía ostensible de calor y humedad creciente. Humedad que Martín creía anunciadora de lluvias y tormentas, de crecidas y camalotes con víboras en las márgenes del Paraná. Casi diez días calculaba Martín de su llegada a Goya, su encierro y lenta recuperación del cuerpo. No ha sido penoso – piensa, aunque sabe que falta todavía. Pero se siente con fuerzas y ánimo rejuvenecido. Ha salido a caminar por el vecindario durante las tardes. Llegó hasta el río una mañana rosada y creyó descubrir los saltos del dorado con vigorosidad envidiable. Ha podido tomar algunos mates en los últimos días y eso le dibujó una sonrisa casi completa ganándole terreno a la parálisis. De apoco, dejó de jugar con la pistola y se olvidó de los caracoles cuando abrió la ventana y dejó entrar al sol. Ordenó los libros y juntó los papeles que había comenzado a garabatear.  Se animó a salir cuando las vecinas charlaban en las tardecitas bajo a la sombra de los...

El cuerpo

La parálisis izquierda me recorre parte del cuerpo; desde la cara hasta el brazo. Por momentos es un hormigueo irritante y otras tantas, como un calambre frío. No puedo matear. Parezco un idiota chorreándome y ando por hábito, por costumbre con el mate de un lado a otro, cambiando la yerba, calentando el agua.   Intento tomar. Tampoco puedo fumar. Pero eso es otra cosa, porque ando con el cigarro en la mano, lo enciendo y miro como el humo crece despacio. Es otra cosa. Llegamos a Goya luego de ir subiendo por el Uruguay intentando cruzar para el Brasil. Como la suerte se había vuelto esquiva nos internamos hacia el este buscando cierta calma, guarecernos de la tormenta que habíamos desatado. En eso estábamos cuando el accidente me tumbó del árbol. Desperté un par de horas más tarde sin comprender que había pasado.  Me encontraba en una salita de hospital con una enfermera que no dejaba de preguntarme cómo me sentía. Así estuve un par de días hasta que decidimos que ...

Sueño con Anaïs Nin

Había esperado tanto el momento que ahora que estaba allí y la tenía frente a él, no sabía cómo proceder. Había alucinado, había imaginado mil formas distintas el momento en que por fin la   miraría a los ojos y la besaría, sí la besaría. Y justo en el instante en que posaría su boca sobre la de ella pondría su mano en su cintura –imaginó una y mil veces el instante- y deslizaría sus dedos por debajo de la ropa, hasta su piel, hacia el elástico de su bombacha y tiraría de él suave pero seguro hacia arriba para que la pequeña prenda se clavara en su anatomía. Para eso, pensaba, tendrían que estar a solas. Había soñado con eso tantas veces… Y entonces imaginaba la humedad pasando del cuerpo a la prenda. Imaginaba un leve escalofrío y la piel de la cola erizada. Después, pensó y soñó mil veces, la tomaría con la otra mano del culo y sin dejar de besarla, la traería hacia él, hacia su bulto que estaría latiendo en todo su esplendor. Sí, había soñado despierto y dormido. Una,...

Rilli

Rilli ha desaparecido hace semanas. Lo busco, lo llamo y no responde. Por eso su ausencia aquí, en estas líneas de luz y alquimias de bytes. Vine decidido a encontrarlo, a mirarlo a la cara. Increparlo, preguntarle por qué. … No está. No hay nadie aquí. Solo quedan sus cosas. Algunas de sus cosas: un mate usado, papeles escritos, manchados, dos botellas vacías y una foto. La foto de una mujer, cenizas en la mesa y en la pileta. La yerba del mate esta negra y le sobrevuelan moscas, mosquitas. No está.  

La carta inesperada

Queridos lectores, nuestro amigo Martín Rilli   acaba de recibir una carta. ¡Si! Una carta como las de antes. Nada de mail ni tuiter. Nada. Una carta de papel, en sobre y con matasellos. Y semejante carta lo tiene a mal dormir, desvelado. Porque no solo recibió una carta como las de antes, sino que además no recuerda el nombre de quien la firma. Bueno, aquí va y juzguen ustedes si el desvelo es merecido...   Querido mío:                    He decidido terminar con estos años de oscuro exilio. Sé, de buena fuente, que te mantienes tan activo como en aquellos años; y eso me alegra. Aún tengo el recuerdo de tu piel lastimada, las gotitas de sangre conque dibujaste mi nombre sobre la remera de Huracán que usaba para dormir. Recuerdo, querido mío, tus angustias y ansiedades y como fui generosa contigo. Ah… si pudiera regresar el tiempo…        ...