Recuerdo, pequeño ratoncito de biblioteca, aquella
tarde de invierno en donde te sorprendí hundiendo tu linda naricita entre las páginas ilustrada de un viejo Quijote. No leías con devoción –aunque lo hacías
a menudo- no; te tomabas toda la merca que había traído para nosotros. Sí,
ratoncito mío, toda. Y el problema, no fue justamente que no te hayas acordado de mí, sino que mientras entraba al
cuarto con una botella de vino y te encontraba tan ensimismado en la tarea,
detrás de ti se paseaba la putita de Angelina completamente desnuda...
No llorés Colo, no llorés. Perdoná. No te pongas así. Dale, volvamos a casa. *** Pasamos la tarde en la casa de Jhony hasta que llegó la noche. Boludeamos escuchando cumbia y mirando cosas en el celular. Video que manda los pibes cuando están con alguna guacha ahí. Y miramos un rato y bueno como habíamos tomado unas cervezas y las guachitas de los videos no se comían una y le daban lindo, nos fuimos calentando. ¡Ufff! Ahora vengo, dijo el Jhony y encaró para afuera, para el lado de las chapas donde está el baño. No puedo más, le dije al Colo y ahí nomás me la empecé a manotear. ¿Qué hacé? ¿No ves? ¿O me querés ayudar? Nos reímos un rato pero después todo se puso tenso. Rojo se puso todo y en una le agarré la mano al Colo y me la llevé a la poronga. Le sonreí y el Colo empezó. Empezó. Empezó y no paramos. Después se puso a temblar y salió corriendo. Le grité. Lo llamé y lo llamé pero no paraba de correr. Lo corrí una o dos cuadra bajo el chorro blanco de l...


Comentarios
Publicar un comentario