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Entradas

Patria Grande Latinoamericana

“Si la América del Norte hubiera aceptado la dispersión de sus fragmentos para formar repúblicas independientes, si Georgia, Maryland, Rhode Island, Nueva York, Nueva Jersey y los restantes estados se hubieran erigidos en naciones autónomas, ¿comprobaríamos acaso el progreso increíble que es lo distintivo de los yanquis?  La expansión va perdiendo su viejo carácter militar. Las naciones que quieren superar a otras envían hoy a la comarca codiciada sus soldados en forma de mercancías. Conquistan por la exportación. Subyugan por los capitales. Y la pólvora más eficaz parecen ser los productos de toda especie que los pueblos en pleno progreso desparraman sobre los otros, imponiendo el vasallaje del consumo. México ha perdido varias provincias. Cuba se ahoga bajo un protectorado doloroso. Las aduanas de Santo Domingo no existen. El canal absorbe a la América Central. El dinero estrangula a las repúblicas más pequeñas. Y nadie sabe ante que río o montaña se detendrá el avance d...

Manuel Ugarte

El talento, lejos de ser un fenómeno individual, es un fenómeno social. En un hombre se condensa un momento de las colectividades. Por uno de los poros humanos surge la savia del conjunto. Con ayuda de un cerebro se exterioriza un gesto colectivo. El pensador y el artista no son más que el producto de la ebullición común, como la flor es un brote de la vitalidad de la tierra. Si pierde contacto con el jugo que la nutre, se marchita. Su fuerza es verdaderamente eficaz puesta al servicio del elemento que la engendró. Las nuevas tendencias literarias, 1908.

Agustina

Obra de Martin Di Girolamo  Sí, se llamaba Agustina, y a él le gustó recordar el mediodía en el que se cruzaron en el colectivo. Le gustó recordar su sonrisa y el desenfado con el que se movía y preguntaba al chofer por la dirección de un hospital. Habían cruzado las miradas unos cuantos segundos cuando él acercó la tarjeta a la máquina de boletos. Había gente en el colectivo y entonces tuvo que pasar cerca, muy cerca, mirándola. Ella mantuvo la vista. Después, él se sentó y la contempló abiertamente durante un par de cuadras. Ella, de a ratos, hasta que encontró un asiento y se puso a leer un libro de cuentos, Cortázar. A él, eso le encantó. El colectivo fue vaciándose y cuando estaban cerca de la parada de él, el colectivero le avisó a ella que allí debía bajarse. Bajaron juntos y mientras esperaban que el colectivo terminara de pasar, él le preguntó a dónde iba. Al hospital , respondió quitándose los lentes. Te acompaño si querés, vivo acá nomás… Bueno. Agusti...

Hugo Chávez Frías

Llevaremos también tu nombre como bandera a la victoria ¡Hasta la victoria siempre, Comandante!

El agua y los días

Han pasado días difíciles –piensa Martín- mientras hace una pausa en su lectura. Deja el libro a un lado, abierto y coloca encima, a modo de un improvisado señalador, su teléfono celular. Ha vuelto a leer con calma, a comprender el significado profundo de las frases y no a repetir el sonido de las palabras en su cabeza. Se acomoda y se hamaca en su sillón, piensa en estas palabras: han pasado días difíciles… Y piensa en la primer letra, en la hache, como si fuera una pequeña nube de vapor que antecede a la palabra, a la idea que le sigue.      Días difíciles… repite y se levanta a controlar el agua que ha comenzado a barruntar en la pava. Prepara la yerba en la calabaza y elige algún yuyo. Vuelve a la mesa, al sillón y piensa en la pelea, en sus ojos de parpados hinchados, los insultos, en su cuerpo, en su vientre, el enojo incontrolable y sus labios, sus dientes, su pelo…  

Cosas que pasan en verano...

El primer día estuvo muy bueno. Armamos la carpa, fuimos al centro y los chicos conocieron a sus primeros amigos. El segundo día, mejor aún. Nos despertamos con el sol dentro de la carpa a eso de las ocho. Hicimos un poco de fiaca y nos levantamos a preparar el desayuno. Después, cuando llegó el bañero y habilitó la pileta, corrimos a zambullirnos en el frío de la mañana. Sin embargo, cuando menos lo esperábamos, el cielo se cubrió de nubes. Un zumbido extraño cayó de golpe sobre los desprevenidos bañistas que estábamos asoleándonos al borde de la pileta y empuñando un toallón alcancé a mantenerme a salvo de unos extraños y hostiles insectos voladores. Los chicos gritaban y los más pequeños habían comenzado a llorar. Algunas mujeres también. No habíamos terminado de recuperarnos de los insectos y sus pequeños y dolorosos tarascones cuando el bañista, que apretaba una toalla contra uno de sus brazos ensangrentados, comenzó a saltar como un mono gritando para que saliéramos rápido...

El Tiempo...

(Buenos Aires, fin de año; a punto de llover) En un mundo donde no se puede medir el tiempo, no hay relojes, ni calendarios, ni citas definidas. Son los acontecimientos los que desencadenan otros acontecimientos , no la hora. Se empieza a edificar la casa cuando la piedra y la madera llegan al lugar de la construcción. La cantera de piedra comienza a entregar la piedra cuando el picapedrero necesita dinero… Hace mucho, antes del Gran Reloj , los cambios en los cuerpos celestes median el tiempo: el lento paso de las estrellas a través del cielo nocturno, el arco del Sol y la variación de la luz, la Luna creciente y menguante, las mareas, las estaciones. El tiempo también se medía por medio de los latidos del corazón , los ritmos de la somnolencia y el sueño, la recurrencia del hambre, los ciclos menstruales de las mujeres y la duración de la soledad. Alan Lightman, Los sueños de Einstein