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Verano del 2011

Entre tanto calor sofocante y algunos chapuzones, voy dedicando mis días a diversas lecturas esperando el mágico llamado de las musas. He escrito algunas páginas ya, pero vivo los momentos previos, alimento mis horas esperando la combustión. Entretanto me regocijo en la fructífera lectura de Oscar Terán y sus excelentes Diez lecciones iniciales, 1810-1980 de historia de las ideas argentinas. Un gran libro elaborado a partir de sus largos años de profesor en la UBA, en la cátedra de Pensamiento Argentino y Latinoamericano de la Facultad de Filosofía y Letras. Un libro ameno y profundo. Aquí transcribo algunos conceptos que nos ayudan a pensarnos como sujetos políticos que somos: (…) para Rousseau “no es el individuo, sino la voluntad general, la que tiene determinados derechos fundamentales”. No es la sociedad (en tanto sumatoria de individuos) sino la comunidad (como unidad, como pueblo-uno) la que es depositaria y a la que pueden atribuirse los derechos naturales, y por ende, la liber...

Historias del nuevo siglo

Ma r ia na I Mariana, ahora, no quiere operarse. Es que la semana pasada, en su privado del centro, mientras trabajaba, un tipo le acarició la poronga. Fue un descuido. Pequeña y torpe sintió de pronto avanzar su mano por la entre pierna; y acabaron los dos juntos. Sin proponérselo, era sólo trabajo. No fue la primera vez. Pero ayer, el cliente volvió y le dijo que la ama. II La primera de las palizas que recuerda la recibió de su hermano. Su padre, aunque nunca lo aceptó, jamás le puso una mano encima. Ni siquiera una caricia. Ni un beso. La primera paliza la recibió justito después del primer beso y esa extraña sensación que le recorrió el cuerpo, erizándole la piel bronceada, del verano aquel. Francisco, su hermano mayor, no soportó verlo en brazos de Juan, su mejor amigo. Y encima vestido de mujer. -¡Estamos jugando!- alcanzó a decir antes de suplicarle que frenara de golpearlo. III Cuando tenía siete u ocho años y llegaba de la escuela corría a meterse en la cama con su abuela. A...

La tela de la araña, publicación de la UTN

Si esa moneda hablara...( parte III)

Martín le dijo a su amiga que la quería (en realidad que le gustaba, y mucho) Ella, le sonrió y dijo que le agregaba confusión a su confusión. Entonces, ella le agarró las manos con la misma dulzura que semanas atrás le había dicho, es muy lindo Martín, muy lindo eso que leíste.Ahora Martín camina por las paredes esperando que ella le diga algo. Algo más allá de su confusión. Pasan los días y aún no recibe respuesta.

Si esa moneda hablara... (parte II)

Se quedó duro, con un aguijón clavado en la garganta que apenas pudo aflojar dándole otro trago a la botella de cerveza. Tardó unos minutos en darse cuenta que molestaba parado ahí, justo en el centro del baile. Y tardó, también unos instantes, envuelto en la confusión, en dejar la fiesta y salir a la noche cerrada. El rocío ablandaba la tierra en algunos de los pasillos embarrando las zapatillas. Rilli caminó sin apuro. Quería despabilarse y encaró hacia el río. Panameño… ¿dónde te metiste?, recitaba el pibe entre sueños, encorvado contra la pared de la Iglesia. Rilli sacudió la cabeza en una mueca risueña y siguió su rumbo. Caminó, caminó un buen rato y llegó hasta la orilla del riachuelo. Se abrió pasó entre los pastos y la basura, buscando un claro que le permitiera acercarse. Lo encontró y se acomodó contra unos escombros frente al agua. El sonido del río, golpeando espeso contra las piedras, lo fue acunando suavemente hasta llevarlo a otros tiempos. Una hermosa sonrisa apareció e...

Si esa moneda hablara...

La noche está en pañales, había dicho el pibe y de un saque se metió toda la mandanga en la napia. Ya está, ahora estamos listos, pronunció mientras arqueaba las cejas con exageración. Se refregó la nariz un par de veces y le dijo a Rilli que lo siguiera. Caminaron un rato rebotando en cada esquina, puteando a los perros que se arremolinaban entre las bolsas de basuras. ¿Dónde estará el panameño? ¿Dónde se habrá metido?, preguntó el pibe, mientras Rilli encendía un cigarro. ¿Dónde se habrá metido? El pibe estaba duro. Ecléctico en su rumbo no dejaba de preguntarse por el panameño y la bolsa de merca que le había prometido. Rilli se cansó de tantas vueltas y luego de un par de horas se metió en la primera joda que vio. ¡Huu! Sí la noche estaba en pañales como le había dicho el pibe (que dicho sea de paso lo había dejado protestando contra el paredón de la antigua marmolería, convencido que el remolino de perros en celo ocultaban al panameño infiel y deshonesto.) Era de madrugada cuando ...