Cuando lo vio llegar una
equívoca sensación de alegría y nervios le recorrió el cuerpo. Se mordió el
labio confirmando la certeza del dato que la había llevado hasta allí, a esa
hora de la noche y se dispuso a observar. Disimuló la ansiedad entre las páginas
de un libro grueso y unos papeles que comenzó a garabatear. Él pasó a su lado
con una carpeta y dos libros que había bajado de uno de los anaqueles en la
parte de historia. Lo miró sentarse y disponer los libros a un costado, hojear
el tomo más grande y sacar unas hojas de la carpeta. Abrió una cartuchera en
forma de sobre y extrajo algunas lapiceras de color y un lápiz negro. Cuando él
levantó la vista se encontró con la mirada de ella, le sonrió. Se ruborizó y
disimuló su vergüenza hundiéndose en la lectura. El se paró y fue en busca de
otros dos libros. No había nadie a esas horas en la biblioteca.
No llorés Colo, no llorés. Perdoná. No te pongas así. Dale, volvamos a casa. *** Pasamos la tarde en la casa de Jhony hasta que llegó la noche. Boludeamos escuchando cumbia y mirando cosas en el celular. Video que manda los pibes cuando están con alguna guacha ahí. Y miramos un rato y bueno como habíamos tomado unas cervezas y las guachitas de los videos no se comían una y le daban lindo, nos fuimos calentando. ¡Ufff! Ahora vengo, dijo el Jhony y encaró para afuera, para el lado de las chapas donde está el baño. No puedo más, le dije al Colo y ahí nomás me la empecé a manotear. ¿Qué hacé? ¿No ves? ¿O me querés ayudar? Nos reímos un rato pero después todo se puso tenso. Rojo se puso todo y en una le agarré la mano al Colo y me la llevé a la poronga. Le sonreí y el Colo empezó. Empezó. Empezó y no paramos. Después se puso a temblar y salió corriendo. Le grité. Lo llamé y lo llamé pero no paraba de correr. Lo corrí una o dos cuadra bajo el chorro blanco de l...

Comentarios
Publicar un comentario